Escaldà de la pansa en la Marina Alta
A finales de agosto y cuando el calor parece que quiere empezar a irse, tiene lugar uno de los acontecimientos con más tradición de la Marina Alta: L’escaldà de la pansa. Una tradición que no solo perfuma los pueblos con aroma a moscatel, sino que guarda en sus gestos la memoria de generaciones enteras.

Escaldar: El arte de transformar la uva en pasa
La protagonista es la uva moscatel, reina de estos bancales que miran al Mediterráneo. Tras la vendimia, las familias seleccionaban los racimos más dulces y los preparaban para un proceso único: el escaldado.
Consiste en sumergir la uva, durante unos segundos, en agua hirviendo con ceniza de sarmientos y sosa cáustica. Este “baño” abría sutilmente la piel del grano y permitía que se secara al sol de manera uniforme, evitando la fermentación y conservando su azúcar natural.
Después, los racimos se extendían en cañizos —estructuras de caña trenzada— y se dejaban reposar bajo el sol, girándolos con paciencia para lograr un secado perfecto. Días más tarde, aquella uva se había transformado en algo nuevo: pansa, dulce, aromática y de un color dorado o tostado que la hacía irresistible.


Una historia que viajó por el mundo
Aunque el origen de la técnica nos llega de época andalusí, fue en los siglos XVIII y XIX cuando la pansa de la Marina Alta alcanzó su esplendor. Desde riuraus, almacenes y puertos como el de Xàbia o Dénia, las pasas viajaban hacia Inglaterra, Francia y América.
No era solo un producto agrícola: era un motor económico, un símbolo de prestigio y un puente cultural entre este rincón mediterráneo y el resto del mundo. La pansa marcó la vida de la comarca, hasta el punto de que el paisaje, la arquitectura rural (con los famosos riuraus) y las costumbres sociales giraban en torno a su producción.


Escaldà de la pansa, una tradición que resiste
Con la llegada del turismo y los cambios en la economía agrícola, la producción de pansa perdió el peso que tuvo antaño. Sin embargo, lejos de desaparecer, se mantiene viva en fiestas, asociaciones y demostraciones populares.
Hoy en día, pueblos como Jesús Pobre celebran la escaldà como una auténtica fiesta etnográfica. Allí se puede ver desde cómo se elabora el cañizo tradicional donde reposa la uva al sol, hasta mujeres trabajando la llata, un trenzado de palma típico de la zona que servía para fabricar objetos de uso cotidiano.
También se recuerda la importancia de los riuraus, esas construcciones rurales abiertas que protegían los cañizos cargados de pansa en caso de lluvia. Eran, en definitiva, el corazón de la producción, uniendo arquitectura, paisaje y trabajo comunitario.




Escaldà de la pansa: mucho más que un oficio
Escaldar la pansa no es solo un proceso agrícola: es identidad, paisaje y sabor compartido. Es el calor del verano, el crujir de la leña al preparar el agua para el escaldado, las voces de vecinos que colaboran, y la imagen del moscatel extendido al sol.
Es, en definitiva, una tradición que nos recuerda que lo sencillo —un racimo de uva, un baño de agua, unos días de sol— puede transformarse en algo extraordinario cuando se hace con paciencia, sabiduría y amor por la tierra.
Porque cada pasa que probamos hoy lleva dentro la historia de un Mediterráneo auténtico, el que sigue vivo en la Marina Alta.

¿Dónde puedes ver escaldara la pansa este agosto 2025?
📍 Teulada – Festa del Moscatell: 30 de agosto de 2025
📍Lliber: Festa del Llaurador i Escaldà: 30 y 31 de agosto de 2025
📍Pedreguer: Festa de l’Escaldà: 31 de agosto de 2025
📍Jesús Pobre: Festa de l’Escaldà: 31 de agosto de 2025


