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Corso Zundert: el desfile de dalias más grande del mundo

Hay fiestas que vas a ver y hay fiestas que, cuando las conoces, te hacen pensar: ¿cómo no había oído hablar de esto antes? Eso es exactamente lo que me pasó con Corso Zundert, el impresionante desfile de dalias que cada año transforma este pequeño pueblo del sur de Holanda en un auténtico espectáculo de color, creatividad y trabajo en comunidad.

Y aunque pueda parecer que todo comienza el día del desfile, la realidad es muy diferente. Detrás de cada carroza hay meses de trabajo y cientos de personas implicadas.

Una tradición que comenzó en 1936

Para entender el Corso hay que viajar hasta 1936. La idea surgió cuando varios vecinos y representantes de Zundert querían recuperar y dar más importancia a las celebraciones en honor de la reina Guillermina, cuyo cumpleaños se celebraba el 31 de agosto.

Fue el concejal y viverista Pieter van Ginneken quien propuso organizar un desfile de flores. En aquella primera edición, celebrada el 8 de septiembre de 1936, no había todavía las gigantescas carrozas que podemos ver hoy: participaron bicicletas, patinetes y algunos carros decorados con flores, especialmente dalias. La acogida entre los vecinos fue tan buena que rápidamente decidieron convertirlo en una tradición.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el Corso volvió con fuerza y empezó a adquirir la estructura que conocemos actualmente. A partir de 1946 fueron los diferentes barrios o comunidades de Zundert, llamados buurtschappen, los que comenzaron a competir construyendo sus propias carrozas.

Con los años, aquellas pequeñas decoraciones fueron creciendo hasta convertirse en auténticas obras de arte. En los años 80 y 90 comenzaron a incorporar formas cada vez más complejas, movimiento, teatro, luz y sonido. Y llegó un momento en que tuvieron que poner límites: actualmente las carrozas pueden alcanzar aproximadamente 9 metros de altura y 19 metros de longitud.

20 barrios, miles de personas y muchísimo trabajo

Hoy participan 20 buurtschappen, y cada uno construye su propia carroza.

Pero aquí está, para mí, una de las partes más bonitas de toda esta historia: el Corso se hace entre todos.

No es una empresa la que construye las carrozas. Son los propios vecinos quienes, durante meses, diseñan, construyen, pintan, sueldan y preparan cada detalle. Hay personas de todas las edades y muchas familias llevan generaciones participando.

Cada barrio tiene su propia carpa o espacio de construcción, donde el trabajo se intensifica especialmente durante las semanas previas al desfile.

Y cuando llega el momento de colocar las flores, empieza una auténtica carrera contra el reloj. Las estructuras llevan meses preparándose, pero las dalias se colocan solamente unos días antes del desfile para que lleguen frescas y en todo su esplendor. En esos últimos días, los voluntarios pueden trabajar prácticamente día y noche hasta conseguir que la carroza esté terminada.

Millones de dalias para un solo desfile

Y claro, llegamos a las protagonistas: las dalias.

Zundert tiene una enorme tradición de cultivo de estas flores. Los 20 buurtschappen cuentan con sus propios campos y, juntos, los terrenos destinados al Corso rondan las 33 hectáreas, con unas 600.000 plantas de dalia y más de 50 variedades y colores diferentes.

Para cubrir las carrozas hacen falta alrededor de 8 millones de dalias. La mayor parte se cultiva en Zundert y, cuando es necesario, las posibles carencias se completan con flores de otros productores.

Y hay una curiosidad que me encanta: durante el resto de la temporada, Zundert también produce y vende dalias que terminan en otros corsos y celebraciones de diferentes lugares de Europa, incluso en España.

El gran día

Y después de tantos meses de trabajo llega, por fin, el primer domingo de septiembre: el día del Corso.

Las veinte carrozas recorren las calles de Zundert acompañadas por música y ante miles de personas que salen a disfrutar de una de las fiestas más importantes del año.

Las carrozas no van tiradas por tractores. Son los propios voluntarios quienes las empujan durante el recorrido, algo que para ellos representa un auténtico orgullo. Algunas pueden llegar a pesar alrededor de 20 toneladas.

Además, no se trata simplemente de un desfile para contemplar. Existe una competición y un jurado profesional decide cuál es la carroza ganadora. Así que detrás de toda esa aparente fiesta hay también muchísimas horas de creatividad, trabajo y, por supuesto, un poquito de rivalidad entre barrios.

Y quizá eso sea precisamente parte de la magia: competir entre ellos, pero construirlo juntos.

Zundert no es el único

Aunque Corso Zundert sea probablemente el más conocido internacionalmente y se considere el mayor corso de dalias del mundo, esta tradición no es exclusiva de este pequeño pueblo.

En Países Bajos existen alrededor de 30 corsos de diferentes características. Algunos utilizan flores, otros frutas o verduras; algunos recorren las calles y otros se celebran sobre el agua. Entre los más conocidos están los de Vollenhove, Lichtenvoorde, Valkenswaard, Eelde, Sint Jansklooster o Tiel, este último famoso por su corso de frutas.

La tradición del corso llegó a Países Bajos desde Italia y el sur de Francia a finales del siglo XIX y, con el tiempo, se convirtió en una parte muy especial de la cultura popular neerlandesa.

Mucho más que un desfile de flores

En 2021, la cultura del corso en los Países Bajos fue incluida por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Y tiene todo el sentido cuando conoces lo que hay detrás.

Porque el Corso no consiste solamente en construir una carroza bonita y ganar un premio. Es pasar meses trabajando con tus vecinos, enseñar a los más pequeños una tradición que ya conocían sus abuelos, cultivar las flores, compartir comidas y celebraciones, trabajar hasta la madrugada y volver al día siguiente para seguir construyendo.

Es creatividad, competición, pero sobre todo comunidad.

Y eso es lo que más me llevé de mi visita a Zundert: detrás de esas enormes carrozas cubiertas de dalias no hay solamente flores. Hay cientos de personas, muchas horas de trabajo y una tradición que sigue viva porque hay un pueblo entero dispuesto a mantenerla.

Y después de verlo en persona, entiendo perfectamente por qué para Zundert el Corso no es simplemente un evento. Es parte de su identidad. 🌸🇳🇱

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