La cerámica: la tendencia que nos conecta con lo esencial
La cerámica se ha puesto de moda. La vemos en redes sociales, en cafeterías bonitas, en casas con estética cuidada y en talleres donde cada vez más personas descubren el placer de crear algo con sus propias manos. Pero, aunque ahora viva su momento más “trendy”, la cerámica no es algo nuevo. Es una de las formas de artesanía más antiguas de la humanidad.

Desde hace miles de años, el barro ha servido para crear piezas útiles y decorativas. En el Mediterráneo, y especialmente en la Comunidad Valenciana, la tradición cerámica forma parte de nuestra identidad cultural.
Platos, cuencos, jarrones… objetos cotidianos que antes eran necesidad y que hoy también son expresión artística.
Quizá por eso vuelve con tanta fuerza. En un mundo acelerado, digital y lleno de pantallas, trabajar con barro tiene algo casi terapéutico. Es tocar la tierra, ensuciarse las manos, concentrarse en el momento presente. La cerámica obliga a ir despacio. No entiende de prisas. Amasar, modelar, esperar a que seque, esmaltar, volver a esperar. Es un ejercicio de paciencia y de creatividad.
Y hay algo muy especial en ver una pieza terminada en casa y pensar: esto lo he hecho yo. Un cuenco imperfecto, una taza que no es exactamente simétrica, un plato con pequeñas marcas que cuentan el proceso. La recompensa no es solo el objeto, es todo lo que hay detrás.
En mi caso, siempre que puedo voy a hacer cerámica a Pottery Shed, en Moraira. Es uno de esos planes que me regala calma y me ayuda a desconectar. Pero en la Marina Alta hay muchas más opciones para iniciarse o perfeccionar la técnica, como Defangcuit o Pessic, donde también se respira ese ambiente creativo que engancha.


Y si no te apetece hacerla pero te encanta tener piezas únicas en casa, en Gata de Gorgos hay una gran tradición cerámica. En la conocida carretera de las tiendas de mimbre puedes encontrar auténticas joyas artesanas en lugares como Ceràmiques Monfort, donde cada pieza mantiene viva esa herencia.
Quizá la cerámica esté de moda, sí. Pero más allá de tendencias, es una forma de volver a lo esencial. De crear con las manos, de valorar el proceso y de rodearnos de objetos con historia. Y eso, al final, siempre será una forma muy bonita de vivir.




